El idioma del cielo / primera parte
“El Universo
está hecho de historias, no de átomos.”Muriel Rukeyser
La Astrología no es una fe. No entiendo que cuando uno habla del tema para
explicar algo, alguien mire con compasión y diga: “yo no creo en esas cosas”. Porque
no es algo en lo que haya o no que creer. Es un cuerpo de saber; una
explicación a ciertas energías del universo que nos rigen en tanto somos parte
de éste. Los seres humanos le hemos encontrado palabras, deducciones, lógica,
réplicas y sistemas de comportamiento a muchas cosas para contestar a
preguntas. La Astrología es el caso de un conocimiento milenario, precioso y
alumbrador; un lenguaje sagrado sobre las materias que habitan el cielo y su
impronta en nosotros: cómo la existencia de las mismas nos modula e impacta. Y,
fundamentalmente, un saber que nos relocaliza en el lugar que nos corresponde:
menos hombrecéntrico; más modesto y dependiente de muchas variables en el
entorno infinito.
Una carta natal es el estado que tenía el cielo al momento de nuestro
nacimiento y la energía que nos imprimió en la llegada y toma de la tierra. Cada
carta natal se compone de 3 variables: planetas, signos y casas. Y de las
relaciones -de tensión, proximidad, superposición, cantidad- que estas tres variables
establecen entre sí, allá en el cielo.
La definición de cómo en verdad somos, entonces, incluye el
entrecruzamiento de los planetas con los signos, las casas y las relaciones
entre estos. Cada variable está constituida por doce elementos. Los planetas
son doce. Los signos son doce. Las casas son doce. Pero en una carta natal no
necesariamente hay uno de cada uno de los 36 elementos. Todos tenemos todos los
planetas. El resto depende….
Cada uno de los planetas representa un aspecto de nuestra existencia: Mercurio,
la expresión mental; Venus, la forma de amar; Marte, el atrevimiento o
autoafirmación; Júpiter, el guía hacia el conocimiento superior; Saturno, la
necesidad de responsabilidad; Urano, el proceso de emancipación; Neptuno, la
conciencia cósmica; Plutón, la transformación inevitable; La luna, la actitud
emociona;l el Sol, la personalidad, la cualidad básica de nuestra conciencia y
el ascendente, la puerta al exterior: la forma en que nos mostramos hacia los
demás, pero también, el lugar al que iremos evolutivamente más allá de la
edificación que supone la personalidad. Eso no se llega a vislumbrar desde
afuera, pero es lo que en el fondo debemos asumir.
El único dato que habitualmente sabemos sobre nuestra carta natal
corresponde al sol cruzado con el signo donde cayó. Así contestamos si somos de
tauro, libra, escorpio, pero sólo en referencia al sol, cuando hay otros once
aspectos más y sus cruces que nos cuentan.
De los doce signos del zodíaco: 4 son de aire –Acuario, Géminis, Libra-,
4 son de agua –Cáncer, Escorpio, Piscis-, 4 son de fuego –Aries, Leo,
Sagitario- y 4 son de tierra –Virgo, Capricornio, Tauro-. Todos tenemos los
doce planetas pero no necesariamente todos tenemos los doce signos en la carta.
Puede que 4 de los 12 planetas (sol, urano, venus, luna) nos caigan en Tauro y
ninguno en Acuario. Y además, luego de saber los signos donde caen los
planetas, haciendo un recuento, sabremos si tenemos más presencia de un
elemento que de otro/s. Si nuestros planetas caen varias veces en Aries, Leo y
Sagitario seremos más fuego. O, si nos tocó una distribución democrática,
seremos seres más elementalmente equilibrados.
Los planetas entre ellos generan otras relaciones, que tienen que ver con
su posición. Si un planeta cae en sextil, conjunción, cuadratura, oposición o
trígono a otro planeta, ese cruce también hablará. Por ejemplo, alguien puede
tener Venus en Sagitario. Eso tiene una data. Pero si además lo tiene en sextil
con Júpiter y sextil con Saturno y conjunción en Neptuno… hay otras apostillas y
revelaciones. Muchas veces aspectos de la carta se contradicen. Como nosotros.
Cruzados con nuestros planetas y signos están las doce casas –que
representan, cada una, distintos aspectos de la vida de todo el mundo: la
salud, la alimentación, las herencias, los legados, la muerte, los sueños, la
popularidad, las asociaciones, los ideales, el estatus, los hermanos, los
cuñados, la espiritualidad, los viajes y estudios, la infancia, la realización
y la vocación, la intuición, el inconsciente, la sexualidad, el compromiso, la
cooperación, los miedos, la vejez, los deseos y más.... Tampoco necesariamente
tendremos en nuestra carta las 12 casas. Sin embargo, como cada planeta tiene un
signo regente y una natural afinidad con alguna de las 12 casas, aunque no
tengamos algunas energías, de todos modos está el planeta que resuena con éstas.
Sino en un primer plano estará como extra, pero está. No nos falta la infancia
o la salud o la muerte. En algún lugar todo aparece. De alguna manera nos
ocurre.
Como en la música, que desde 7 notas pueden hacerse una variedad sino
infinita al menos inestimable de melodías, en Astrología algo así también -es
un fascinante ejercicio de Combinatoria; el único tema que amé de Matemática-. El
entrecruzamiento entre planetas, signos y casas sumado a las tensiones o relaciones
de posición es una carta natal.
Una carta natal es una información fundamental y liberadora; que habla de
nosotros en profundidad y de toda la complejidad que es nuestro ser desde el
momento de nacer. Una carta natal es un mapa de cada ser. No hace falta creer
en un mapa. Tampoco uno viaja a un lugar ni lo conoce por mirar un mapa. El
mapa no es el territorio ni el viaje, ni la experiencia humana de atravesar o
hacer el juego con esas cartas dadas; no determina los vínculos con otras
energías humanas, pero advierte sobre qué otras energías tenemos alrededor.
Habla de predisposiciones, características estructurales, dones, aspectos
irracionales y de cómo se combinan con las distintas áreas de la vida. No
cuenta a alguien por anticipado pero advierte sobre ciertas cuestiones que
aparecen en ese lugar o geografía que es una persona. Pienso en un mapa porque
es información de uno que uno mira desde afuera.
Leerla lleva tiempo y muchas lecturas. Las fichas van cayendo de a poco. A
veces lo leído no puede interpretarse ni conectarse con la propia experiencia
hasta que se manifiesta en el plano real. Hay incluso que tener capacidad de
integrar lo opuesto, porque hay informaciones que son contradictorias. Hay que
saber que tener la posibilidad de todo lo que aparece no significa prestarle la
experiencia de una vida y un cuerpo a todo. También está bueno saber, por
ejemplo, que lo que haya quedado en el fondo del cielo al momento de nacer –los
planetas que hayan quedado en los 180º de mundo que tenemos por debajo de la
espalda- no aparecerán como conciencia sino como destino; no serán fácilmente
integrables.
Es más importante conocer nuestra carta natal que saber nuestro número de
DNI, sólo importante a los fines de un reconocimiento en las estructuras terrenales,
que habitualmente desconocen todo el resto del bioma que somos: el agua, las
emociones; el fuego, la pasión y la energía; el aire, las ideas. La tierra tiene
la capacidad de afirmarnos pero también es densidad, restricción, inmovilidad,
falta de oxígeno, resecamiento.
La tierra no es un elemento que tenga mucha presencia en mi carta. De lo
contrario, no estaría aquí escribiendo esto sin ninguna estimación o cálculo de
la energía que llevo consumida desde que empecé y la falta de rédito. De los
doce planetas, tengo 4 en el agua + 3 en el aire + 3 en el fuego + 1 en la
tierra. No puedo estimar cuánto valen
las cosas (compro por placer y no puedo vender nada), no puedo ahorrar, no
puedo priorizar el pago de monotributo a un vestido del que me enamoré en la
vidriera, no me sale cumplir con las obligaciones impuestas desde afuera, me
fastidia organizar demasiado el día, los horarios de entrada y salida, estudiar
sin levantarme a hacer mate, escribir, escuchar música, cambiar de tema, leer
condiciones de una política de privacidad (lo mismo puedo poner Seeee que
apagar la computadora), escalonar objetivos, leer un solo libro de corrido,
hacer ejercicio hasta quemar calorías, colgar toda la ropa en el tender sin
hacer algún llamado en el medio, optimizar el tiempo. Mucha gente opera
exactamente al revés: planifica, estudia rigurosamente, cumple y no levanta la
cola de la silla hasta que termina con una tarea. Por esta carencia en mi
propia carta natal del elemento Tierra –un solo planeta y por debajo de la
línea de ascendente: negado- hay cosas que no entiendo… Sin ir más lejos, cómo
a un chico que está por terminar el secundario le ofrecen un test vocacional y
no hacerse una carta natal. Es tan evidente la obsolescencia del sistema… Parecería
que lo único que tiene que elegir es una carrera estructurada, en vez de estar
tomando conciencia de quién es. Si le dieran la opción correcta ya nadie más se
frustraría por elegir mal una carrera debido a que todos tenemos muchos dones
para desarrollar distintos talentos para luego, sí, de pronto, o quizás no,
participar de ámbitos y espacios.
Yo tengo una lucha libre contra las estructuras que suele verse como una representación
lúdica, una actitud infantil y una falta de aptitud para la negociación, aunque
yo creo que lo contrario se trata de cuatro cosas peores: miedo, obediencia,
cinismo o falta de pensamiento. Habitualmente, suelo preguntarles a quienes les
sale mejor: ¿Cuál es el rédito de negociar? En el fondo, siempre, lo que está
en juego es la economía, la aceptación y la pertenencia. Sin embargo, yo creo
que esas tres cosas son inevitables en la medida en que igual estamos todos acá
amuchados y que no hace falta venderle el alma al diablo. Viendo a la gente
construir sus lugares tal como creen que debe hacerlo me encuentro pensando en
la labor de los topos que sólo busca evitar la “pérdida” de tiempo –ese tiempo estructurado
de espaldas a la biología y a procesos más interesantes, funcional a la
escisión del ser y orientada a materializar logros-. ¿Cómo puede ser más
satisfactoria una garantía que el respeto por las propias ideas, tiempos y
formas? ¿Por qué tanta preocupación en ser aceptado en un lugar, una
estructura, con todos los que hay? ¿Por qué tanto recato en la aprobación de
los demás si lo que sobra en el mundo es gente? Los enlatados del sistema son a
mi criterio, esencialmente, formas opresoras que se aprovechan del miedo y la
necesidad de la gente, que se siente segura de fijarse a formas. No estoy
diciendo nada nuevo ni original: ya Platón, hace muchísimos años, habló en su mito
de la Caverna sobre la resistencia humana de volverse hacia atrás para encontrar
la verdad; al dolor cegador de reconocer aquello que realmente nos alumbra y de
la resistencia al cambio: a salir de la caverna, ir por la comprensión de todo
lo que ha sido una esclavitud y una mentira.
El aprendizaje: un plan de aterrizaje
A principios de este año estaba muy esperanzada cuando leí que el 2018
sería el año de escorpio. Pensé que nadaría como pez en el agua, confiando en
el mejor poder de mi signo: el renacer, como el ave fénix, sobre las cenizas del
pasado, en un nuevo estadio de evolución. Compré el libro de la astróloga Ana
Bilsky a quien he leído en Ohlalá y atendí cuidadosamente a la primera parte
que explica su mirada sobre la Astrología y qué es para ella una carta natal y,
luego, me concentré en los signos y sus características; por último, leí los
tránsitos planetarios más importantes que habrían de ocurrir durante el año:
aquellos que definirían rasgos para cada signo/sol –algo que, de modo burdo, la
gente conoce como predicciones y confunde con un determinismo mágico-. Sin
embargo, uno no acaba de comprender leyendo sino viviendo. Y uno no acaba de
comprender viviendo sino escribiendo. Que es un nuevo punto cero.
Comprendí que el hecho de que escorpio fuera la energía estrella del año
no quería decir que nadaría como pez en el agua. Que uno sepa el proceso de esa
energía no quiere decir que no se vea afectado por la misma, sobre todo en un
planeta cuyas maneras son tan sutiles y refinadas: intensidad, megaemoción,
alta sensibilidad, indagación profunda, obsesión con la verdad, evolución, poder,
transmutación de la sombra en conciencia, muerte y resurrección.
A cada uno que me crucé con la guardia baja -saliendo de un trabajo,
repensando su vida, separándose o mudándose, con un muerto a cuestas o un proceso
de salud que afrontar- le dije: “tranquilo que no mata; fortalece. Sé que
cuesta y que la tenés que soportar. Te va a llevar primero a la catacumba y después
al cielo. Pero… evolucionás, renacés y nada vuelve a ser igual después de escorpio”.
Me han mirado con mudo asombro, queriendo pedir la toalla. “En algún momento se
termina el ciclo y estás parado en otro lugar”. Y el año fue fuerte para todo
el mundo.
Desde hace seis años cuando –ingenuamente- una mañana de noviembre a las
8 AM me subí a un micro que viajaba de
La Plata a Mar del Plata; me quedé profundamente dormida -luego de una noche de
asado que celebraba la finalización de una Especialización en Periodismo
Cultural- y me desperté, de pronto, con la rama de un árbol golpeando el techo
del micro y un gigante de 1.93 mts. sentado a mi lado, haciéndome un chiste
como si acabáramos de despertarnos juntos…Y mucho más dado a que ese hombre
terminó siendo, casi por arte de magia o del destino, un descubrimiento de millones
de nuevos conocimientos como la Astrología, un misterio y el padre de mi hijo,
ya no me hago más la viva con la gente en los micros.
Cuando me habló de eso, le pregunté:
-
¿De qué signo soy…? ¿Qué sigue…? ¿Si vengo
siempre a bailar a este boliche? ¿Me dejás dormir? Vengo de un asado…
-
Ah veo que no te lo tomás en serio…
Finalmente, me terminó haciendo, en ese viaje fundacional, mi carta
astral. “En mi vida vi una carta más escorpiana”, dijo asombrado frente al
dibujo: “3 planetas en Escorpio y seis en casa 8, ¡la casa correspondiente a Escorpio!
Bravísima… Te salvan los cuatro Libra y tres Sagitario. Y el ascendente”.
Ahora que lo veo bajo la luz del tiempo y de la comprensión lenta de
otros fenómenos, fue menos azaroso que lógico o evidente que nuestro encuentro
debió ocurrir. Primero, por Juan. También, pensando en nuestras personalidades
y los regentes de cada uno de los signos que llevamos en el sol. Él, de
Sagitario, a Júpiter: el guía hacia el conocimiento superior. Yo, de Escorpio,
a Plutón: la transformación inevitable. El cruce nos dejó a ambos un cambio
evolutivo. Así no haya funcionado nada más entre nosotros para mí fue perfecto:
ya dije antes que no sé hacer buenas cuentas.
La única tarde de este verano 2018 que vimos al padre de Juan yo andaba
con el libro de Ana Bilsky. Se lo mostré, hablé un poco del libro y me escuchó.
Después me dijo:
-
Te voy a dar un dato… Vas a cumplir 37 años, que
es como un segundo nacimiento. Es hora de que cedas tu intensidad escorpiana,
tu lado controlador y obsesivo con la verdad y vayas asumiendo tu ascendente, que
es Piscis. Cuanto más rápido afrontes que es necesario integrar todo, más
tiempo vas a ahorrarte lidiando contra lo inevitable. ¿Viste las cosas que te
ocurren alrededor y vos querés definir con tu tendencia escorpiana a matar o
morir; a blanco o a negro?”
-
Sí
-
Bueno… No lo hagas más. Aprendé a convivir con
todo, a fluir donde los peces nadan encontrándose y todo lo que se ha separado
vuelve a estar junto. Tu ascendente es Piscis… la conciencia cósmica. Si fueras
hacia Acuario, Géminis, cualquier otro… se entendería que de algún modo con la
madurez te plantes o te polarices, te saques de encima algunas tareas… Pero no
es el caso… Vas a tener que asumir los principios que rechazás porque en Piscis
todo lo que se ha separado para encarnar un principio diferente, una labor
única, vuelve a unirse. No hay principios negados. Dejá de confrontar y
resistir a la energía de la tierra. Integrá. Ese es el aprendizaje.
Volví a leer mi carta astral. Virtudes y dones sobre las artes, la
expresión, la velocidad de razonamiento, el foco concentrado, la afición por la
verdad, la empatía, la espiritualidad. Energía inusitada, carácter juvenil, capacidad
de expresión y convencimiento, integridad en la palabra, gusto por las buenas y
bellas cosas de la vida, entre otras cosas… Volví a mirar todo el dibujo entre
planetas tensado sobre la línea de ascendente; un dibujo bien arriba, lleno -casi
exclusivamente- de entrecruzamientos entre sagitario, escorpio y libra
(regentes de Júpiter, Plutón, Venus): expansión, transformación, evolución, belleza,
armonía: una carta hermosa pero carente de energías más aplomadas; el mapa de
alguien que ve las cosas a otra velocidad, en otra perspectiva pero sin los
pies sobre la tierra. Resignada -en el mejor sentido sabio y musulmán- le puse
nombre al blog correspondiente al 2018: el año de asunción del ascendente.
Un mes más tarde visité a Line, mi astróloga. Escuché por tercera vez, sin
interés, su bajada de línea feminista sobre: la importancia de la solvencia
propia, su paradigma aspiracional de pareja que -como buena setentista- es el de
Yoko Ono y John Lennon y la inutilidad de que las mujeres tengamos más de un
hijo: “Ya tenés un hijo, ¿para qué querés más?”, me dijo la primera vez que la
vi.
-
¿A vos te parece? – le protesté a José una tarde
por skype como si fuera un delegado del sindicato de la Astrología… - ¿Cómo me
va a decir eso? ¿Qué estamos… en la China? ¡Los astrólogos no pueden ser tan
conductistas!
-
Celina… - me contestó resignado. -A vos no hay
astróloga que pueda predecirte… Si te cagás hasta en la Astrología…
Pero Line me pasó data concreta sobre la revolución solar 2018 y me aclaró que para ella la energía típicamente
pisciana yo la tenía muy a flor de piel… Que mucho más que asumir el ascendente
tenía que volver a hacer la escalerita sin saltearme ningún escalón: un curso
ineludible y tedioso transitando la energía de la tierra; los caminos pautados.
Se detuvo un rato largo hablando de la posición de mi Urano (el planeta emancipador,
de la independencia, del ir más allá de las reglas de la familia y la sociedad
para llegar a las personas) en Escorpio (la intuición, la pasión, la verdad) en
la novena casa (la de la mente abstracta, la filosofía, la espiritualidad, la
conciencia, la visión integral de las personas) y la resultante del
entrecruzamiento: ideas alocadas, desacompasadas con la marcha de la sociedad e
intuiciones sobre el inconsciente colectivo.
-
Yo entiendo tu originalidad de pensamiento; tus ideales
de libertad, emancipación y humanismo… La voluntad de reventar las estructuras
opresivas y esclavizantes como la del trabajo como está hoy concebido y las
obligaciones del sistema… Pero la gente parte de formas fijas y te va a mirar
como si fuera un problema tuyo de falta de madurez. Es una posición
irreverente, revolucionaria, de impaciencia con cualquier clase de limitación.
Incluso hasta en el único signo que tenés en la tierra tenés a Urano.
-
¿Qué quiere decir?
-
Es una posición privilegiada para pilotos de
avión y astronautas
-
¡Te lo dije que no tengo Tierra!- la interrumpí.
-No son mis dones los de caminar al paso lento que va todo el mundo. Los
peldaños del Conicet, el matrimonio para los hijos… ¡Me aburro!
-
No… no. Pará un poquito. Vos a mí no me vas a seducir
con esos argumentos que refuerzan tu comodidad…
Tendrás negado hacer esfuerzos, pero el planeta que tenés en tierra es Marte:
la autoafirmación. A los dones sobre las artes, la igualdad, la justicia, trascendencia,
transmutación, la capacidad de ver las cosas desde lo alto los vas a tener que aterrizar.
Y vas a consensuar con la gente y los moldes existentes. Bajá la impaciencia y
enseñale a tu Urano a negociar con el inframundo. Si el formato es libro es
libro. Si la clasificación es novela es novela. Si la escritura es en tu casa,
igual es pautada, con horario, diaria. El trabajo es ladrillo a ladrillo… Vos
crees que con esa carta canchera y juvenil llena de Venus, Sagitario y Escorpio,
energías voladas, emociones expandidas, intuición y magnetismo personal me vas
a venir a correr y te vas a ganar los lugares… Pero no es así, querida. Aprendé
a caminar por la tierra y a hacer las cosas con un plan de cumplimiento. Tenés
al planeta Saturno junto con todo lo demás en la misma casa… El planeta de la
madurez, la vejez, la responsabilidad, las estructuras, los huesos, los límites,
la salud, la materia. Es un anciano que no te va a dejar hacer las cosas evitando
el esfuerzo. Vos crees que el mundo debe complacerte porque vos llegaste. Saturno
es el borde y el límite que tu carta eligió para cuidar al resto de tus
planetas. Integralo.
-
¿Cómo?
-
Con esfuerzo. Con trabajo.
-
La puta madre
Miró su reloj; un reloj de esos que no están bien afirmados a la muñeca y
dan vueltas muchas veces. Me pone nerviosa la gente que no se ajusta bien el
reloj y lo va apoyando contra cada cosa que encuentra. Las diez, dijo. Y pegó
un salto de la silla. Le agarré la muñeca, me levanté también de la silla
frente a ella…
-
Pará… Una
cosa más…
-
¿Qué?
-
¿El amor?
-
¡Andate de acá! No tengo un consultorio
sentimental. Está adentro tuyo. Sos vos la que lo impide. Materialización, ¿o no?
¿No es eso lo que te cuesta?

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