Cierre / de los micros a la macro idea del amor

Luna en Tauro / Venus en Escorpio


Habíamos quedado con Guillermina en desayunar juntas durante la semana. Pero nos mandamos un mensaje, casi simultáneamente, excusándonos, porque cada una quiere cumplir con propósitos de escritura o edición que se fijó; hay cierta concentración o introspección en estos días; cierta necesidad de estar adentro que nos convoca con más poder. Cada cual hace mate frente y se sienta frente a su computadora. “Concedámonos el placer de cumplir con nuestras metas: propias e internas”, le escribo.
A ambas nos cuesta la disciplina, no colgar, no abandonarnos. Me manda tres emoticones: una cara feliz, un huevo frito y una margarita. “Estoy recuperando mi color amarillo tan amado que los gatos nos robaron”, me contesta, como forma de asentir con el plan de volver al corazón y de recuperar el color robado. Recuperar el color robado… Me gusta esa idea, me deja pensando.
Un día hermoso, excepción de esta primavera, llego a la casa de mi hermana para ir con ella a la playa. Yo no soy una estresada por llegar temprano a la playa, con el sol transpirado y la arena ardiendo; prefiero los colores y sonidos del fin de la tarde, pero ella necesita el sol cuando más brilla. Estaciono el auto en la puerta de su casa. Bajo con Juan, su morey de tortugas y estrellas de mar, su buster para el auto, un bolso, una reposera. La encuentro a mi hermana con la puerta de su casa abierta, mi sobrino colgando en la cadera, la mochila de Billabong inmensa en la espalda, la reposera amarilla apoyada contra el muslo, una heladera térmica en el piso, una bolsa de juguetes desparramada por ahí. Es insólito verla así, a ella que solía salir sin demora, con una malla colaless y el auto levantando polvo en dirección a las playas del sur. Lo agarro a Facundo en brazos; me meto con él, Juan y el buster de Juan en la parte de atrás de su auto para acomodar a todos. Mi hermana resopla: “Decime que no va a ser así todo el verano… Porque entre los pendejos, los bártulos y la dieta ayurveda me corto la chagar”. Suelto a Facundo en el huevo porque me saltan lágrimas y me tiemblan las piernas bajo el short por la risa. Facundo y Juan también me miran llorar y se ríen. Facu con sus primeros dos dientes de arriba separados me asusta como un tigre mientras les ato los cinturones. “Grrrrrrrr” pronuncia el rugido más fuerte hasta que se vuelve afónico. “Vos hacete el malo, que ya vas a advertir quién lleva los pantalones en tu casa”, le digo. Cuando me calmo un poco y a ella se le pasan sus ganas de llorar en serio y el auto ya está encausado en la ruta 11 rumbo a la playa agreste que está despertando, con los palos de madera recientemente puestos y las lonas aun sin tender, pienso cómo puede esa actitud masculina caerme tan mal en mi mamá y tan bien en mi hermana. Alguna nota debe haber en el humor y en el amor que hace sonar la música distinta y vuelve cualquier cosa integrable.
-          Si esta es la playa en familia me muero. Yo debo tener, seguramente, algunos genes más de chabón; no me preocupa. Pero toda esa cosa rosa de la maternidad y el amor no me van ni ahí… -me dice.
-          ¿Vos pensás que yo también soy un poco así?
Entiendo que la necesidad de una definición de lo femenino y lo masculino sea, a esta altura del camino, un retroceso. El otro día mi amigo Martín me dijo: “Hay en  la Física microorganismos que mutan de sexo de un rato al otro… Todavía ni siquiera estamos comprendiendo eso”. No llegué a seguirlo –a su salvaje carrera mental- en sus incursiones por la Física de los microorganismos trans. Pero me quedé sorprendida y callada, preguntándome si el trazo de mi escritura estará siendo un retroceso -considerando que yo sí hablo en términos de energía femenina y masculina- y en cómo puede ser que, a la vez que crea esto esté tan convencida de que la verdad es algo así como lo que dijo el diseñador textil Yamamoto: “Para mí, la palabra andrógino no significa nada. Creo que no hay ninguna diferencia entre hombres y mujeres. Tenemos cuerpos distinto, pero en espíritu y alma somos lo mismo”. Pero donde las amplias definiciones del mundo y la lengua cruzan al territorio de la vida privada tocan fibras íntimas y ocurren revisiones. Y este tema de la identificación de lo femenino y lo masculino, en una historia en la que nos tocó una madre que encontró el travestismo como salida elegante a la vulnerabilidad como mujer, cobra otra densidad.
-          ¡Vos no sos más rosa porque te tocó de madre a mamá! Que no te dio ni mínima cabida ni paró de hacerte sentir en ridículo cada vez que te ibas para allá. Guardarte tu rosa fue una estrategia necesaria para tu supervivencia
-          ¿Y ahora me lo decís? Me hubieras ahorrado tanta plata en terapia…
-          No sabés ahorrar… Te lo hubieras gastado en cualquier otra gilada… ¿Qué problema hay con cuándo te lo digo? Si para vos la búsqueda del amor es perenne.
No sé qué decirle.
-          ¿Me querés preguntar ahora a mí cómo es la experiencia de sobrevivir en medio de una lucha campal entre una pink y una punk?
Me da risa y está claro que lo pregunta en chiste. Porque no podría preguntarle yo nada que la lleve de viaje a sus territorios personales semi fangosos. Disuade de muy mala forma mis preguntas sobre el fondo de las cosas y aquello que anima las acciones. Forma parte, ese no querer profundizar, de su estrategia de supervivencia. Acelarar; atravesar el pantano moviendo la palanca de cambio y con la vista puesta en el futuro.
A los costados de la avenida semiasfaltada Mario Bravo la realidad es desoladora. Con este calor que despunta, veo nuevas postales de desamparo social. Más casillas y casillas… Un malestar que endurece los rostros. Basura.

-          Yo lo sé… Hasta que para vos no sea el verdadero amor no vas a bajar las banderas. Siempre fuiste así. Peleas con estrategias de lo más retorcidas pero en el fondo… sos rosa. Es lo que mamá siempre te combatió, lo que más la aterra y creo que en el fondo lo que más te envidia
-          ¿el qué?
-          El rosa inclaudicable. Con Juan lo comprendió. No le quedó otra que rendirse…
-          Para haberlo comprendido tira bastante nafta, igual
-          En cualquier lugar menos ahí; jamás te dice nada con respecto a Juan. Es tan fuerte la evidencia del amor que brilla. Con el resto deberías hacer lo mismo, aunque te dé miedo.

En esta burbuja del auto que avanza a buscar el borde del mundo, me sorprende mi hermana en su claridad del mediodía. Creo que sé lo que hace con todo: no busca en un lugar lo que no está. No libra batallas. No quiere cambiar cosas. Toma lo que encuentra. Entiende lo que hay. A veces pienso que en todo tiene razón, incluso en correr a la playa para encontrar el sol arriba. En rendir el peso de su cuerpo a la Tierra sobre un pareo turquesa cerca del ruido de las olas que vuelven de su interminable viaje por la infinita profundidad. Ha estado siempre ahí viendo lo mismo. Y sabe que, en algún momento, las olas vuelven. Cansadas, rotas, difusas, enérgicas, sucias… O blancas como el algodón… pero vuelven. Me quedo mirándola seria hasta que en un semáforo rojo me reencuentro con su mirada.

-          Hacé que todo brille –me dice mi hermana.
-          Pero es más difícil. Me da vergüenza. No sé si es objetivamente el mejor momento…
-          No sé si esa es objetivamente la mejor excusa…  
Nos reímos.
-          ¿No te da la sensación de que tenés luz verde?- pregunta.
-          Me da la sensación de que vos tenés luz verde…

Nos tocan una bocina impaciente y larga desde atrás. Pasamos el faro, el delfín gigante de utilería del Aquarium, el cartel 79, La Caseta, El Balcón y varias playas más… Bajamos por la trotadora de polvo y piedritas… Y estacionamos, por fin, el auto con el mar de frente… El mar: allí donde todos los peces nadan juntos. Y encuentran su propia dirección.

El periplo del año -sinuoso, conflictivo y denso- me ha llevado a descubrir que de mi aterrizaje y arraigo a la tierra probablemente no resulte el plano y luego la fisonomía de una estructura sólida sino mucho más el dibujo que resulta de trazar el camino de conexión entre la materia, los hechos; los deseos más profundos del corazón y las ideas donde están las iluminaciones, como si estos fueran puntos a unir, para definir una geometría perfecta. La de una estrella, la de una flor, la del amor y la de todas las cosas que importan.
Quizás no sea una estructura muy sólida pero esas fortalezas a ras del suelo, predefinidas, donde no hay movimiento ni pasa el aire, más tarde que temprano se resquebrajan. Pasa sin que lo busquemos. Pasa porque todo, de todos modos, se mueve. Quizás este aterrizaje tenga la liviandad del aire, la inasibilidad del agua, la insistencia incansable del sol y nada más. Pero con esas tres cosas a una semilla en la tierra, le alcanzan. Le alcanzan para echar una raíz y crecer; caminar de forma ascendente sin moverse del lugar, desde la profundidad de la sombra hasta la superficie…. Para tener forma visible, estructura orgánica, crecimiento, hojas, flores, perfume, danza, ciclos, hijos, épocas de introspección, de tirar ideas que no sirven y épocas de floración; para tener habla –aún sin voz- sobre el tiempo, cíclico; poner la cara al sol y los pies en el origen que es también el fin sin temor. Para morir y renacer.
Como aprendizaje del año, en ese plan de enraizar en la tierra, asumir el ascendente que me ha tocado y que consiste -nada más- que en la integración del todo… de regreso de un viaje agotador por las profundidades del mar que vino en mi sol… en silencio y de pie junto a la orilla frente al mar que, acostado, habla en un idioma incomprensible, encuentro algunos momentos en que tuve una clara memoria del futuro.
Y ahora tengo  la posibilidad de tomar algo de la sabiduría que me prestan las plantas para una nueva conciencia sobre el amor: alcanza advertir esa semilla que ya estaba en la profundidad latiendo, como principio. Advertir que ha echado algunas raíces…  que ha ido creciendo sin ningún permiso. Advertir lo innecesario de pensar las formas que tome y sin certeza de cómo serán los sucesos que ocurran… El amor se percibe, se manifiesta ilimitable al lenguaje. El amor se percibe en su existencia que es más que la realidad. Y viene de un lugar donde no hay luz y de un tiempo que es todos los tiempos.
-          ¿Y el amor?
-          ¡Andate de acá! –me gritó la astróloga a principios de año, al final de nuestro encuentro: - ¡Que no tengo un consultorio sentimental! Está adentro tuyo.
Y a lo mejor era tan simple como me lo dijo Line… El resto era re-conocerse, re-encontrarse.

Este es un fragmento en el que he abreviado el texto del hermoso portal Luna de Abril: “Venus se alinea entre el sol y la tierra. Esta conjunción equivale a una de las puntas de la Estrella de Cinco Puntas que Venus forma en su ciclo de ocho años, uno de los cinco pétalos de la rosa que Venus forma en estos ocho años. Esta es la geometría de Venus. El pentagrama y la flor de cinco pétalos con una vibración resonante en nuestro cuerpo y espíritu. Cuando integramos esta información despertamos nuestra conciencia evolutiva.
Cruzar el umbral de la luna llena en Tauro con el sol en Escorpio reflejando su luz en la luna en Tauro, su signo opuesto, habla de una encrucijada de destino. Un llamado a tomar decisiones definitivas como salida a una sensación de emboscada, de callejón sin salida que puede ser literal (situaciones materiales: económicas y de seguridad) o metafórico (situaciones vinculares: de afectos y sexualidad). La vida nos empuja al borde la nuestra burbuja de seguridad sin marcha atrás. ¿Volaremos o nos caeremos?
En estas pasadas semanas la presión a despertar -a abrir los ojos en la noche oscura del alma de la humanidad- ha ido en aumento. Vivenciamos el estancamiento de una vida construida sobre valores que ya no son pertinentes para nuestro crecimiento y revela los lugares en los que no nos queremos mover y en que no estamos dispuestos a transformarnos. Sentimos el cambio articularse en lugares profundos, misteriosos, a veces inalcanzables para nuestra comprensión. No es fácil de digerir. Nuestro cuerpo está en un lugar, nuestra mente en otro. Y nuestras aguas se mueven en todas las direcciones. Por momentos, la disociación que experimentamos entre nuestros cuerpos revela voces, visiones y deseos no armonizados en nuestro interior. Esta confusión orgánica que nos habita influencia nuestros movimientos. Estos días previos a la luna llena hemos sentido descargas energéticas, eléctricas, creativas, momentos de conciencia que sacuden nuestro sistema. Colapsamos y nos levantamos. Nos levantamos en confianza, vemos la luz, colapsamos nuevamente, llamados al pozo, profundo y oscuro, de lo que sentimos. No entendemos. Y nos volvemos a levantar. ¿Y cuánto dura?, nos preguntamos, agarrados todavía a la ilusión de que volveremos. ¿Volver a dónde?, ¿a qué? ¿Todavía no hemos aceptado el proceso de muerte que este tiempo nos está pidiendo?, ¿todavía nos aferramos a la vieja forma?, ¿a la otra vida?, ¿a esa burbuja de seguridad cómoda e irreal? Todo se cae, los velos se rasgan, la sombra suelta revela nuestras dependencias y escapismos. 
Ahora, bajo esta luna llena, parece que llega el tiempo de una resolución. Bajo esta luna es recomendable escuchar la urgencia del cambio y, a la vez, ejercer cautela a la hora de tomar decisiones importantes. Antes de actuarla primero hemos de ser capaces de sentirla y encarnarla. Es como si nos habitara un poder, una fuerza, que no sabe todavía cómo ir hacia la vida El peligro bajo esta luna es que nuestra negación a sentir nos lleve a ignorar un llamado del alma a hacer un cambio interno muy necesario para sostener el cambio externo que soñamos. El cambio no pasa por la mente. Hay que sentirlo y hay que poder acompañar lo que sentimos. Si huimos, cerramos la puerta a la oportunidad de generar energía nueva, de reciclar, de transformar nuestras coordenadas existenciales. Huimos en la repetición. Huimos en lo familiar. Huimos en lo conocido y seguro. Huimos en lo que controlamos. Huimos en nuestros personajes. Huimos detrás de nuestras máscaras.
Venus – planeta regente de Tauro- está ahora en su fase profunda de retrogradación. Bajo esta luna llena en Tauro el llamado es a ir hacia adentro y a sostener la presencia de nuestro corazón en el núcleo de un proceso alquímico que -aunque es incómodo y/o doloroso- es absolutamente necesario para la renovación de nuestra energía creativa. Dos días después de la luna llena Venus hará su conjunción interior con el sol y es cuando más cerca estará de la tierra. Su influencia es potente, intensa y magnética. Su influencia es alquímica. Su poder es real. Este viernes 26 el sol fecunda a Venus. El sol siembra su Semilla de Conciencia Solar en nuestra Estrella del Amor. De ahí que el llamado de este momento sea a que podamos cuidar y honrar aquello que nos cuida y nos honra en lo profundo, porque la vida está ahí, ahora, siendo creada. Esta vida -invisible, poderosa y misteriosa- nos inspira a hacer cambios vitales, aquí y ahora. Estos cambios se están dando en lo profundo de nuestro ser, de nuestro cuerpo. Todavía no tienen ni tan siquiera un cuerpo de palabras con el cual emerger hacia la luz. Pero sí son la vida oculta que late en el corazón de la muerte.
Esta luna llena en Tauro revela los vínculos en los que sí nos encontramos en la casa del agua profunda, con quienes podemos tejer corazón y raíz. Esta luna también nos revela los vínculos en los que nos desencontramos; pueden ser pasajeros o pueden ser despedidas. Estos desencuentros tienen sabor a pérdida. Estos desencuentros pueden ser detonantes de un duelo.
Si nos negamos a acompañar conscientemente a Venus en su encuentro con el fuego del sol, entonces tampoco podremos acompañarla en su renacimiento. Si no abrazamos la sombra de este momento, no podemos reconocer y acoger su luz más adelante. Solo quien ha estado y sabe estar en lo oscuro reconoce lo fértil que es este momento. Solo quien conoce este lugar sabe que el amor se teje aquí, en el misterio de la noche, en la sabiduría de la raíz.
Este amor no se da en las superficies. Este amor nos convoca a un camino de valentía y transformación, que conecta a fondo, desde el fondo. Este amor va más allá de la piel, del tiempo y del espacio. Este es el amor eterno”. 
Fuente: https://lunadeabril.com/2018/10/23/luna-llena-en-tauro-venus-retrogrado-en-escorpio-en-el-corazon-del-sol/

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