Tres / Luminiscencia de la luna llena en Virgo
Tres / Luminiscencia de
la luna llena en Virgo
Es agosto; hay luna llena sobre el mar y me encuentro con Mario en el
club Tri. Mario es un diseñador gráfico power al que conocí hace muchos años
cuando yo trabajaba en Sibelius, él diseñaba Métrica y entraba como una tromba
buscando los discos o libros que estaba esperando que lleguen. Con Mario
tenemos un amigo en común, Martín, por el que sé que él tiene las mismas
creencias que yo sobre las energías poco racionales que nos engendran y
gobiernan; la misma afición a entender los procesos lunares y tránsitos
astrológicos. Algo más que la costumbre de mirar al cielo, avistar estrellas y
contemplar la luna: la necesidad del regreso al hogar salvaje y la búsqueda -en
el dibujo que cambia- de algo nuestro y de esa naturaleza que somos. También,
de cómo el universo se comunica con nosotros. Empatizamos como es natural en
una escorpiana y un taurino; me contó lo hermosa que había visto hacía un rato la
luna sobre el mar de Playa Grande y descubrimos que coincidimos en la lectura
de un portal astrológico de internet llamado Lunadeabril que nos ayuda a tener,
como herramientas, palabras ante movimientos, tránsitos y cataclismos que
traducen los aprendizajes a hacer en cada ciclo. La charla se fue poniendo cada
vez más estratosférica, mística y fundamentalista… Así se alejaron primero una
diseñadora textil, luego un organizador de eventos literarios y después un
poeta. Sin embargo, sabemos que alcanzan tan sólo dos puntos para trazar una
línea infinita. ¿Hacia dónde? ¿Para construir qué cosa? ¿Cómo metonimia de qué?
El asunto de esa charla consistió en las revelaciones de ese portal. El tema no
cabía ni en el tiempo ni en el espacio así que no lo hablamos. Lo dejamos, tal
vez, para la cena entre amigos que llegará. A fines del año pasado les hice a
Mario y a Martín una entrevista para una revista que hacía y sé que piensa al
dibujo como un vehículo para llegar a tirar de un hilo del inconsciente
colectivo; de buscar algo más allá de lo representado, más allá del tiempo. Su
visión del dibujo y la visión de Martín sobre la música, sus incansables indagaciones,
me han hecho partícipe natural de esta manera de pesar en que todas las
palabras que escriba serán el camino de búsqueda hacia algo por decir –algo que
encontrará formas- a lo que no le serán suficientes las formas para decirse. Y
que hay que relajarse con eso. Y saber que todo el juego es poner una linterna,
dos, tres, las que sean… No develar la oscuridad. Porque ese misterio es todo
lo que a nosotros nos mueve y a otros los asusta.
Un vino volvió a reunir a los representantes de los distintos campos disciplinares
difuminados por el galpón. Nosotros le mandamos una selfie a Martín que estaba
en Europa y prometimos hacer una cena de amigos a su regreso que ya ocurrió y
que todavía no concretamos. Esa noche en el Club Tri había una feria de cultura
impresa, se presentaba una novela de Esteban Prado y algunos poetas recitaban
sus poesías imprudentes cuyas estrofas a mi hijo le quedaron grabadas. La
palabra, la música, la forma de decir. Algo no explícito sobre una intención.
Yo no sé si prefería que prestara tanta atención justo en ese momento… Pero
nunca elegimos dónde los niños graban: son los periodistas menos fiables de la
Tierra. No hay un off the record más
disimulado. Me preguntó luego varias veces de qué hablaba esa señora que leía.
“De los problemas que tenemos las personas para decir las cosas que realmente
sentimos a quienes realmente se las queremos decir”, le digo.
Esa noche, en el año, cobra un carácter mágico, de revelación y no sé
bien decir porqué. Sentí la verdad apoyada en mi mano como una vaquita de san antonio
que caminaba allí y me hacía cosquillas. Después, voló. Sé que eso tiene que
ver con algo colectivo, compartido, que me hace bien. Una estrella que siempre
me acompaña, viva donde viva, vaya donde vaya… Y un efecto milagroso por el que
puedo replicar los universos que me hacen feliz en ciudades distintas y seguir
que sigo encontrando caminantes. Es algo de la conexión que necesito con las
personas, algo de la fe en los procesos y de la liviana y sana nutrición que es
el lenguaje creativo: ese lugar inestimable donde las personas se buscan o
encuentran porque sí, a la intemperie, y es donde siempre me siento un poco en
mi casa.
Al volver a mi casa material acosté a
Juan, que ya se había
dormido. Volví
al living y leí en el portal: “Virgo rige nuestros intestinos que es el
lugar donde procesamos la información del alimento. -no
solo hablamos la comida sino también lo que entra por otros
receptores-. Rige nuestra receptividad visceral; es un tipo de intuición
corporal orgánica que nos habla desde el vientre. Este proceso de
discriminación que se hace en la digestión de nuestro intestino y campo
energético tiene un eco en nuestro
cerebro. El circuito interno entre los mensajes de nuestra tripa y los de
nuestra percepción mental están regidos por Mercurio: dios de la comunicación. Dentro
de nuestro cuerpo todo es comunicación, todo es un circuito de mensajes y
receptores. Este tiempo nos habla de una despedida
de compromisos previos hechos con círculos y creencias que ya no son nuestro
camino. Lugares en los que hemos alimentado una fantasía. Lugares
en los que hemos escapado de la realidad. Lugares en los que hemos buscando el
amparo de la pertenencia, de la familia, de la comunidad. Lugares en los que
hemos llamado amor al apego. Lugares en los que hemos creído. Burbujas en las
que nos hemos sentido protegidos y que ahora nos dejan a la intemperie. Si bien es importante honrar este duelo -sobre todo
por la parte de nosotros que se entregó, por la parte de nosotros que creyó-
también es vital reconocerlo como una fase en el camino a despertar y crecer.
Es una fase evolutiva de madurez. Aunque en estos momentos no
tengamos clara una visión para nuestra vida o aunque aún estemos confundidos
sobre la forma en la que esta visión se va a materializar es ahora, bajo esta
Luna nueva en Virgo, que podemos dar el primer paso de alinearnos
con el corazón de la Tierra y con el Sol que late en ella. Ahora
que los eclipses han pasado, ahora que Marte, Saturno y Mercurio transitan
hacia adelante, de lo que se trata es de hacer acopio de las lecciones y
revelaciones de este tiempo para reordenar nuestra realidad de cara al futuro
como un acto de soberanía creativa, un levantarse de las cenizas y un
posicionarse con integridad en un camino real y propio: las oportunidades de
crear en la materia la forma en la que nuestra visión quiere encarnarse es un
arte. La
magia
de la materialización consciente que empieza con una semilla, una intención”.

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